Hace unos años cuando inicié KUKUPU siempre hablé de economía colaborativa, un modelo económico que había empezado a resonar en Europa después de la crisis del 2007 y que podía vislumbrarse en las plataformas mas exitosas del momento, como Airbnb o Couchsurfing. A saber, fue de los primeros conceptos que aprendí sobre economías alternativas, y estar en Colombia hablando de colaboración parecía un poco ilusorio y no porque piense que somos una sociedad incapaz de preocuparnos y ayudarnos unos a otros; si no, más bien porque había y nunca pude entender por qué, una línea muy delgada entre la palabra colaboración y favor. ¡Es decir, que hablar de economía colaborativa era entendido como: vamos a trabajar todos gratis! Y eso ha generado un desenfoque del termino a tal punto que casi que perdió el norte en algunas esferas de esta sociedad.

Por tal razón es importante aclarar en este artículo ¿qué es Economía Colaborativa? Definición de la Comisión Europea: “modelo de negocio en los que se facilitan actividades mediante plataformas colaborativas que crean un mercado abierto para el uso temporal de mercancías o servicios ofrecidos a menudo por particulares“. O bien la definición hecha por Jeremiah Owyang “La economía colaborativa es un modelo económico en el que las personas crean y comparten bienes, servicios, espacio y dinero entre sí en lo que también se conoce como economía compartida. Algunas personas también están construyendo sus propios productos, conocidos como el Movimiento Maker. Combinado, este movimiento significa que la multitud está obteniendo lo que necesitan unos de otros”.   Es decir, que a partir de redes de colaboración se comparte conocimiento, bienes y servicios sin que necesariamente esto sea gratis o a manera de trueque. Sino más bien, aprovechamiento de lo que ya existe para agregarle un valor compartido y dándole un mayor alcance muchas veces valiéndose de las plataformas digitales existentes en la actualidad.

Cuando hablamos de moda, por ejemplo, la venta, el intercambio y la compra de ropa usada a través de una plataforma digital donde unos usuarios ofertan lo que tienen que está en buen estado pero que ya no quieren, y otros pueden acceder a esto mediante acuerdos de compensación monetaria, trueque, o incluso servicios, es una forma de consumo colaborativo y todas estas transacciones son definidas por la confianza entre pares.

Ahora bien, ¿qué es la Colaboración? Definición por Hanson y Spross “proceso dinámico e interpersonal en el que dos o mas individuos se comprometen a interactuar con autenticidad y constructivamente para resolver problemas, aprender los unos de los otros y lograr metas preestablecidas”.

Es decir, que alineándonos con esta definición podemos entender el por qué nace una economía basada en el concepto de cooperación y colaboración ya que entiende que como sociedad no podemos avanzar siendo un YO sino, necesariamente construimos y mutamos siendo un NOSOTROS.

Durante casi 6 años en Colombia trabajando temas de sostenibilidad y economías alternativas (ya que después incorporé la noción de economía circular porque requería un enfoque hacía la producción basada en conceptos limpios y respetuosos con el medioambiente) he podido identificar que quizás lo que nos falta en el país no es de ninguna manera la preocupación por el “otro”, porque hasta el humano más asocial siempre tiene una inquietud altruista que defiende así no sea otro humano pero sí algún ser vivo; la carencia radica en entender el concepto de COLABORACIÓN; que no implica un aprovechamiento de información o una estrategia para ganar visibilidad, conocimiento o cualquier otra cosa de la que se pueda sacar provecho; por el contrario es un intercambio entre dos o mas personas que amplia y libremente deben compartir de manera recíproca eso que buscan mutuamente; ya sea información, conocimiento, etc. Y basados en esas mismas necesidades construir una solución o generar una idea revolucionaria que contribuya a transformar el entorno o porque no, el Mundo.  Sin embargo, no hemos sido enseñados a colaborar, hemos sido educados a sobrevivir, y quizás eso nos hace personas que debemos tener una razón de ganancia para poder actuar y no es que, volvemos arriba, signifique que debemos hacerlo todo “gratis” pero esto nos impide ser capaces de soltar lo que conocemos, lo que sabemos, lo que tenemos, cerrándonos  a la posibilidad que quizás mi ignorancia o mi juicio se una con el de otros y logremos entre todos encontrar nuevos caminos de construcción.  Las alianzas y la colaboración no implican arrimarme y succionar el conocimiento hasta lograr obtener lo suficiente para hacer mi propio camino, mas bien, aliarme para juntar las piezas de tu rompecabezas y del mío y quizás el de otros para lograr generar estrategias que nos conviertan en el “nosotros” como herramienta de transformación en el Mundo.

En momentos como este en donde se nos ha obligado a repensarnos bajo otra mirada, desde lo lineal a lo circular, desde el individuo hacia el colectivo, desde la importancia del entorno, del medioambiente, de sentirse parte de un todo, y entendiendo que nuestras creencias vienen desde el EGO, ¿seremos capaces de mirar hacía el ECO? De comprender que la colaboración nace de la confianza y que debe ser bilateral, que los intercambios en cualquier relación es necesario que se den de mutua ganancia, que no hay necesidad de construir algo nuevo más bien de sumarse a otros que ya han hecho el camino, que la lealtad también es un valor y que lo sostenible se define desde lo micro para que repercuta en lo macro; y que el concepto va mas allá de mirar el Planeta como parte fundamental de nuestra existencia sino de comprender que cada uno, cada ser vivo, cada planta, cada animal, cada persona, cada elemento que existe hace parte de nosotros y por ende nuestro compromiso es actuar bajo la consciencia y la coherencia.

¿Seremos entonces capaces de cocrear nuevos modelos económicos basados en la colaboración, en la confianza y en la transparencia?

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