EL consumo desmedido de moda incomoda el Planeta y más de un tercio de la población mundial.

Durante décadas la Industria de la Moda ha sido una de las principales fuentes de ingreso para millones alrededor del mundo; una Industria que ha estado debatiéndose entre el progreso económico y la destrucción masiva de recursos; por mucho tiempo durante la década en que la humanidad aun basaba su consciencia mayoritariamente en el aumento de la riqueza económica, tras bambalinas se escondieron verdades que fueron detonadas el 24 de abril del 2013 con el derrumbamiento del edificio Rana Plaza en Bangladesh; un hecho que levantó el velo que escondían los glamurosos desfiles y las despampanantes vitrinas de las marcas de ropa mas reconocidas mundialmente. 1138 personas murieron y otras 2500 quedaron heridas en medio de los escombros de 5 fabricas que confeccionaban ropa para marcas de occidente; los consumidores en su mayoría europeos quedaron perplejos cuando se evidenciaron las condiciones paupérrimas de las personas que estaban trabajando allí. Dos diseñadoras Carry Somers (Reino Unido) y Orsola de Castro (Italia) deciden fundar un movimiento llamado Fashion Revolution que impulsa a las personas para preguntar a las marcas ¿Quién hizo mi ropa? Como una manera de exponer las practicas empresariales de las mismas y cada vez lograr mas transparencia en la Industria.

A partir de ese momento la Industria textil se ha visto en el ojo del huracán, documentales como The True Cost (El verdadero costo de la moda) entre otros, exponen la realidad sobre la producción masiva de prendas que dejan un alto costo ambiental y social; y durante los últimos 10 años la preocupación por el cambio climático propone revisar con lupa cómo seguir sosteniendo el sector siendo mas responsables y circulares para evitar el uso ineficiente de los recursos existentes, que obviamente se regeneran de una manera mucho mas lenta versus los modelos de producción y consumo actuales.

Así mismo, los sellos de sostenibilidad alrededor de la Moda han empezado a surgir como una herramienta para saber si la prenda utiliza materia prima certificada, o con procesos más limpios lo que podría ayudar al consumidor a mejorar su elección; sin embargo, estos sellos están plasmados en un porcentaje mínimo versus las colecciones de prendas alrededor del mundo; también el factor económico que aun pesa en los usuarios los hace repensar su elección a pesar de las preocupaciones ambientales, sobre todo en países de Latinoamérica y África donde el poder adquisitivo se ve mas afectado por las políticas gubernamentales propias, la competencia desleal de marcas internacionales que entran sin aranceles suficientemente fuertes para proteger la industria local y las amplias desigualdades sociales que enfrentan estas sociedades. Es posible encontrarse de la misma manera con iniciativas que promueven la implementación de economías alternativas sobre todo la circular para lograr balancear los impactos negativos de la Moda; pero aún el sector se encuentra en investigación de materiales, tecnología e innovación que promuevan el salto cuántico que se requiere; sin embargo, los avances han sido valiosos y la democratización de las nuevas apuestas por materia prima es imperativa.

Este año seguimos viendo como las y los trabajadores textiles siguen levantando su voz en materia de derechos laborales; la pandemia evidenció el descalabro de muchas empresas textileras, la falta de cumplimiento de pedidos de otras, y la amplia informalidad laboral que aun impera en el sector; Muchas veces dirigimos la mirada a Asia y la India por las protestas lideradas por los sindicatos que se resisten a seguir apoyando la esclavitud moderna en el sector; nos enfocamos en titulares de prensa como el de hace tan solo unos días donde se hablaba de “Las trabajadoras textiles lideran la resistencia en Myanmar (y piden a las marcas de moda que luchen por su causa)”.  Sin embargo, en países como Colombia por ejemplo no existen datos importantes sobre las estadísticas de satélites que subcontratan a mujeres para trabajar desde sus casas en condiciones poco favorables, así como nadie habla de los pagos que se hacen por debajo de un SMLV, sin prestaciones sociales ni garantías laborales. En pueblos como DonMatias en Antioquia uno de los principales maquiladores de denim aun se calculan remuneraciones como 30 pesos por pegada de botón y un jean terminado suele costar en promedio 3500 pesos al por mayor. Es decir, que desde las primeras protestas en New York en 1857 hasta marzo del 2021 en Myanmar la falta de regulación, el comercio desmedido y el poco avance de las marcas por mejorar sus practicas laborales y de producción siguen costándole a la humanidad el deterioro de recursos vírgenes y millones de vidas alrededor del globo terráqueo.

El consumo sigue siendo uno de los principales factores para que la Industria no se comprometa al cambio, debido a que transformar todo su modelo de negocio de la noche a la mañana le va a acarrear un costo muy alto financieramente hablando; sin embargo; es necesario empezar a interactuar de otra manera con las cosas, dejar de llenarlas de emociones vacías y superfluas y evitar seguir “traficando” los valores como objeto de un mercadeo meramente económico; y es que, aunque el Mundo enfrentó recientemente la pandemia y la humanidad empezó a abrir los ojos frente a los altos niveles de consumo que se han tenido, el cambio mas notorio no se ve en la manera de producir si no en la manera de vender; es decir, la ética, la justicia y la sostenibilidad se han convertido en slogan de marketing para lograr aumentar el comercio de ropa, pero los reales compromisos siguen siendo muy superfluos y de la transparencia que tanto se habla hay muy pocos que han hecho sus aportes.

Este abril volvemos al activismo como una manera de ejercer presión al sector público y el privado, poner a disposición de los usuarios toda la información requerida para aumentar los niveles de educación y conocimiento sobre el verdadero rol que tenemos en el Planeta que va mas allá de ser solo consumidores, si no, reales transformadores de una realidad que no puede medir la felicidad por las cosas que se acumulan, y que trasciende los balances financieros de las grandes compañías del mercado. Una foto con la etiqueta preguntando a la marca ¿Quién hizo mi ropa? Un post apoyando las nuevas propuestas de marcas que le apuestan a un propósito ambiental y/o social, un simple acto de no compra, de reparación, o de rescate textil puede hacer completamente la diferencia.  Una revolución pensada desde adentro, desde nuestro rol como seres humanos, desde la visión hacia un futuro mas seguro para las próximas generaciones; una pregunta, una responsabilidad, un nuevo estilo de vida.

La revolución de la moda la empiezas tú.

PREGUNTA

¿Quién hizo tu ropa?

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