¿Qué tan seguros estaremos de vivir en un mundo capturado por maquinas?

En 1992 el autor Estadounidense Neal Stephenson utilizó la palabra metaverso (en inglés, metaverse) en su novela de ciencia ficción Snow Crash; En ella, el metaverso hacía referencia a un mundo virtual en el que la gente utilizaba avatares para escapar de una realidad distópica. Ahora hablamos de esto con tanta naturalidad ya que desde hace algunos meses se volvió tendencia, quizás la pandemia normalizó la virtualidad que quisiera por momentos reemplazar la realidad física, básicamente porque el miedo a contagiarse ha sido la primera piedra para construir una sociedad que prefiere estar detrás de una computadora interactuando con pocos o millones de personas alrededor del Mundo, “sin riesgo a…”; cualquier cosa que la humanidad pueda traer. Del mismo modo el comportamiento de la gente de repente empezó a cambiar, entendiendo que podía transportarse a una playa paradisiaca tan solo usando un filtro fotográfico de una app y estando en su apto de menos de 35mts cuadrados; aprendió a confiar en el ecommerce como nunca antes, sobre todo en Latinoamérica donde la tecnología no estaba tan normalizada para interactuar o comprar debido a la real inseguridad que se vive en muchos países.
Hoy el metaverso no es solo este ciberespacio que empezaba y terminaba desde una sesión individual para jugar en línea y que permitía a los jugadores la libertad de escoger sus avatares y su tiempo de esparcimiento; no, el metaverso sigue abierto como un mundo paralelo donde cualquiera puede entrar, existir y hacerse eventualmente una vida;  Por lo que Hoy esto representa también una oportunidad que llega a las empresas o marcas para ofrecer servicios como la atención al cliente, organización de eventos, experiencias o presentar nuevas colecciones con desfiles virtuales en el caso de la industria de la Moda.
Una moda digital antes debía centrarse únicamente en un mercado como los gammers donde con una baja inversión podían generar una alta rentabilidad obteniendo un nuevo público más selecto; ahora puede expandir sus horizontes ya que cualquier persona podrá tener su propio avatar, podrá vestirlo con lo que quiera y como lo quiera, ser de hecho dueño o dueña de esa prenda y obtener criptomonedas a cambio;  cualquier ser humano podrá tener su homónimo para jugar, viajar, comprar e interactuar con millones al mismo tiempo, no importa su ubicación física, y donde ni siquiera el tiempo es importante.

Términos como los NFTs (Non -Fungible Tokens) se incorporan a nuestro vocabulario, vienen de la cultura de blockchain y las criptodivisas y básicamente son activos digitales; entramos a la era en la que podemos ver, pero no tocar, es decir, bienes intangibles. Entonces en esta nueva realidad las marcas de moda hablan ya de estos activos digitales como una estrategia para llegar a más mercados y obtener más beneficios económicos.  También se abre el debate sobre qué tan sostenible llega a ser esta virtualidad, es decir, la utilización de menos materia prima para producir, una posibilidad de aprovechar el modelo de negocio por demanda y un bajo costo de inversión puede ser visto como ventajas, hablando de menos impactos ambientales y quizás sociales; pero, también se debe tener en cuenta el consumo de recursos para generar energía que requieren los servidores y los utilizados para producir los chips y demás componentes que requieren las maquinas que hoy en día siguen teniendo altos y negativos impactos sobre el medioambiente.
Con todo esto se puede decir que el futuro es ahora y ha llegado para quedarse, el mundo claramente echó a rodar la rueda de la virtualidad, las marcas de lujo ya están subidas en la tendencia y será marzo del 2022 el mes en que por primera vez se realizará la primera semana de la moda en el metaverso, pasarelas digitales en 3d y colecciones 100% virtuales, prendas que solo podrán pagarse a través de NFTs o bitcoins; Decentraland será quien albergue la primera fashion week donde podrá además apreciarse tiendas emergentes, experiencias inmersivas, y exhibiciones de marcas de lujo como Adidas, Balenciaga, Dolce & Gabbana, Ralph Lauren, Louis Vuitton entre las más destacadas, que además ya han venido presentando sus colecciones digitales desde que el boom del metaverso empezó a sonar.
Pero no solo son las marcas de lujo que están entrando en el ciber espacio, también H&M decide abrir su primera tienda en Ceek City una ciudad del metaverso donde ya hay teatros conciertos y hasta campos deportivos; el gigante sueco sabe que esto no es una “moda” pasajera y que quienes lleguen primero quizás peguen dos veces, así que es la primera marca de fast fashion que impulsa su recorrido hacia la digitalización; y bueno si sus opciones empiezan a reducirse debido a las críticas sobre sus colecciones poco sostenibles, puede que la lleven a tener más éxito dentro de un mundo digital donde los recursos naturales no se nombran tanto (no porque no se genere un impacto sobre ellos como ya mencionamos) sino más bien porque se piensa erróneamente que lo digital es un lugar donde el Planeta no tiene inherencia.
¿Tendrá Latinoamérica uno espacio en este nuevo mundo virtual? Ya tenemos marcas muy interesantes como garciabello (Argentina) que además de trabajar sobre la línea del upcycling o suprarreciclaje diseñando prendas a partir de ropa donada, en desuso, con bajo impacto ambiental ya se ha aventurado a lanzar colecciones completamente digitales. Hay un camino largo claramente para las marcas latinoamericanas y quizás el uso de la tecnología en el continente tenga menos reconocimiento en el ámbito de la moda, pero puede ser una gran oportunidad para nuevos talentos emergentes o la transición de marcas y diseñadores que después de la pandemia no encontraron una ruta específica para redirigir su propósito de negocio.
No sabemos en realidad a donde nos llevará todo esto, muchos son retractores, muchos desean quedarse en la experiencia más humana donde lo tangible es real, donde la comunidad construye desde la emotividad, y no puede transgredir todo lo demás que cohabita con los seres vivos; muchas son las dudas sobre el limite entre la privacidad y la seguridad de la información siendo ésta uno de los bienes mas preciados del ser humano, donde el conocimiento permanece inalterado pero si alimentado por las experiencias vivenciales de ser, estar y tocar; más allá de la permanencia “infinita” que puede tratar de ofrecernos la conectividad virtual, la omnipresencia que parece la fantasía más anhelada quizás puede también privar de las sensaciones reales, de un instante disfrutando un placentero atardecer o de una buena conversación alrededor de un café. No es claro aún en las manos de quién está nuestra información cuando sabemos que en este mundo virtual también existen los hackers que pueden adueñarse de una vida en un solo instante y solo tenemos robots contestando nuestras peticiones; no sabemos si esa realidad planteada por Matrix sea una utopía o un futuro que nos está llegando y las maquinas sean el pan de cada día.     
Quizás no vamos a poder detener este futuro y tendremos que cohabitar con lo digital más fuerte que antes, quizás las dinámicas sociales y aspiracionales cambiarán en miles de formas, quizás las pantallas determinarán parte de nuestra vida, y lo intangible puede llevarnos a comprender que más allá de este permanecer, podemos ser desde otras maneras y bajo otras reglas; lo cierto es que jamás debemos olvidar que como humanos debemos procurar mantener vivo todo este ecosistema que se llama TIERRA y encontrar esa línea delgada entre la supervivencia y el control de decidir lo que seremos desde nuestro corazón.

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